Cuando
Alfonso VI tomó la ciudad de Segovia a los árabes, éstos ya
tenían la ciudad amurallada, aunque no en su
totalidad, por lo que fue este rey el que mandó completarla
con los prisioneros que allí obtuvo, llegando a tener un
perímetro de 3 kilómetros.
La mayor parte de la muralla
está construida con sillares de granito, aunque también
se utilizaron lápidas de la antigua necrópolis romana.
En la Edad Media la muralla tenía ochenta
torres, cinco puertas (San Cebrián, Santiago, San
Andrés, San Juan y San Martín) y varios portillos, de
los que han llegado hasta nuestro días el del Consuelo y el de
San Juan, y se han reconstruido el del Sol y de la Luna.
En la actualidad quedan tres puertas:

Puerta de San Cebrián: Se
sitúa en la parte de la muralla más antigua, hacia el valle del río
Eresma. Destaca su austeridad: alto paredón que se abre con un arco de
medio punto, sustituyendo a las puertas que hubo en su origen. Fue
reconstruida en los siglos XVII y XVIII.